Autor*Vicente Aleixandre (1896-1984)Tú, en cambio, sin que podrías quererme:
tú, a quien no amo.
A veces me quedomirando tus ojos, ojos grandes oscuros:
tu frente pálida, tu cabello sombrío,
tu espigada presencia que delicadamente se acerca en la tarde, sonríe
se aquieta y espera con humildad que mi palabra le aliente.
Desde mi cansancio de otro amor padecido
te miro, oh pura muchacha pálida que yo podría amar y no amo.
Me asomo entonces a tu fina puel, al secreto visible de tu frente
[donde yo sé que habito,
y espío muy levementem muy continuadamente, el brillo rehusado de tus ojos,
adivinando la diminuta imagen palpitante que de mí sé quellevan.
Hablo entonces de ti, de la vida, de tristeza, de tiempo.
Mientras mi pensamiento vaga lejos, penando allá donde vive
la otra descuidada existencia por quien sufro a tu lado.
Al lado de esta muchacha veo la injusticia del amor.
A veces, con estos labios fríos te beso en lal frente, en súplica
helada, que tú ignoras, a tu amor: que me encienda.
Labios fríos en la tarde apagada. Labios convulsos, yertos, que tenazmente ahondan
la frente cálida, pidiéndole entero su cabal fuego perdido.
Labios que se hunden en tu cabellera negrísima,
mientras cierro los ojos,
mientras sietnmo amis besos como un resplandeciente cabello rubio donde quemo mi boca.
[...]